RIMAS




XI


—Yo soy ardiente, yo soy morena,

yo soy el símbolo de la pasión,

de ansia de goces mi alma está llena. 

¿A mí me buscas?

—No es a ti: no.


—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:

puedo brindarte dichas sin fin. 

Yo de ternura guardo un tesoro. 

¿A mí me llamas?

—No: no es a ti.


—Yo soy un sueño, un imposible, 

vano fantasma de niebla y luz.

Soy incorpórea, soy intangible:

no puedo amarte.


—¡Oh ven; ven tú!




XIII


Tu pupila es azul, y cuando ríes,

su claridad süave me recuerda 

el trémulo fulgor de la mañana

que en el mar se refleja. 


Tu pupila es azul, y cuando lloras,

las trasparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una vïoleta. 


Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde 

una perdida estrella.





XVII

Hoy la tierra y los cielos me sonríen, 

hoy llega al fondo de mi alma el sol, 

hoy la he visto... La he visto y me ha 

 mirado... ¡Hoy creo en Dios!




XIX


Cuando sobre el pecho inclinas

la melancólica frente,

una azucena tronchada

me pareces.

Porque al darte la pureza,

de que es símbolo celeste,

como a ella te hizo Dios

de oro y nieve.



XXI


¿Qué es poesía?, dices mientras

clavas en mi pupila tu pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? 

Poesía... eres tú. 




XXIII


Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso... yo no sé

que te diera por un beso.



XXX


Asomaba a sus ojos una lágrima 

y a mi labio una frase de perdón.

Habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.


Yo voy por un camino; ella, por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?,

y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?